Toda terapia profunda debería estar acompañada de un proceso en donde el individuo se hace cargo de sí mismo. La persona enferma debe responsabilizarse. De la misma forma, debemos acercarnos de manera responsable a la enseñanza espiritual vehiculada por una tradición. No podemos contentarnos con esperar la respuesta del otro (gurú, sabio o cura), sino ser capaces de responder a nuestra pregunta y a nuestro pedido inclusive antes de que la pregunta sea respondida y el pedido concedido. Antes de hacer una pregunta, es necesario preguntarse si somos capaces de tomar la responsabilidad de su planteo; ¿vengo como turista o soy capaz de asumir las consecuencias de mi planteo, de ser responsable de la respuesta que me será dada? ¿Puedo responder a mi pregunta antes de que sea respondida?

Todo nuevo conocimiento implica una nueva responsabilidad, un nuevo deber; en todo caso, un crecimiento de su deber. En el planteamiento de la sanación, un individuo que viene para hacerse curar -y en un contexto espiritual aún más que en un simple contexto médico- se debe actuar en co-responsabilidad. La persona no puede venir solamente para hacerse quitar algo y deshacerse de ello; sino que viene para asumir un desafío, para llevar a cabo un proceso de crecimiento real. En una relación terapéutica, debería instaurarse una relación de crecimiento que implica la responsabilidad de quien viene a ver al terapeuta y le dice: "Tengo este problema, no puedo ver más claro, ayúdeme; juntos deberíamos llegar a ver eso que no logro ver solo. Y estoy dispuesto a pagar el precio por esto". Y pagar el precio no quiere decir simplemente pagar una suma de dinero, se trata de pagar también desde su persona a nivel de un emprendimiento interior. Quitar o camuflar el síntoma sin intentar comprender la señal que hay detrás, sin cambiar de comportamiento ni evolucionar, da como resultado solamente la postergación de ese mal que resurgirá aquí o allá. En una perspectiva espiritual, es necesario estar listo para trabajar, listo para crecer: el síntoma se utiliza ahora como una guía para ese trabajo, y ese emprendimiento responsable va a ayudar a la relación terapéutica y al crecimiento del individuo. Yvan Amar, "El esfuerzo y la gracia" (L'effort et la grace)