El yoga, tan de moda entre los adultos, gana adeptos entre los niños que escogen esta práctica como una actividad extraescolar para reeducar sus malas posturas y ganar en confianza

EL colegio ya no es suficiente. Idiomas, academia para las asignaturas pendientes, deportes... Y en casa la PlayStation, música a tope y ver la televisión comiendo algo de bollería. Está claro que los más pequeños necesitan relajarse. «He aprendido que, a veces, cuando estás cansado es importante la respiración». Jaime Fernández practica yoga en su tiempo libre. Esta actividad le ha servido a «ser consciente de la importancia de una buena postura», certifica. Una reflexión poco habitual para un crío que no ha llegado a los diez años. «Pensaba que iba a ser aburrido, pero me divierto y no quiero dejarlo». El yoga, tan de moda entre los adultos, ha llegado a los niños para ayudarles a afianzar su autoestima, reeducar sus malas posturas y enseñarles a respirar.

Una clase con ocho colchonetas y cojines, luz suave y olor a incienso. Siete pequeños se reúnen con su profesor y uno de ellos elige una postura, por ejemplo, la del dinosaurio. El resto de los compañeros la ejecuta con pausas para respirar. Una vez han terminado se vuelven a juntar con su maestro y mano sobre mano gritan: «¿Bien, bien, bien!».

«Es una forma de que interioricen ese sentimiento y ganen confianza», explica Alberto García-Moreno, psicólogo y profesor del gabinete de yoga Vichara Ashram, en el que se enseña con posturas corporales fáciles este arte milenario a niños de entre tres y catorce años. «El yoga es un complemento eficaz, que busca el equilibrio entre lo académico y lo práctico para desarrollar una educación integral de los críos tanto de la vida emocional como intelectual. No son sólo una cabeza y unas manos para escribir detrás de una mesa ocultando todo su potencial».

Falta de atención

No es algo nuevo. Hay países como Chile, India, Francia, Suiza y EE. UU. donde está más integrada esta disciplina, incluso, en los propios centros educativos. «Carecemos de espacios en los que haya un compromiso por aplicar metodologías novedosas en la educación», advierte García-Moreno. Eso provoca unas carencias que pueden repercutir en su conducta: el 25% de los estudiantes no consigue la certificación de graduado en ESO. «Hay una falta de atención hacia el niño». Según el psicólogo, la presión en los colegios al sentirse examinados en todo momento y la competencia entre los compañeros crean en ellos una especie de estrés y frustración por no conseguir los resultados deseados.

El error suele comenzar por tratarles como simples niños. «Quieren transmitirnos algo y no se les escucha, ni dedica el suficiente tiempo y la atención adecuada». Según Javier Iturralde, pedagogo y experto en yoga, acaban adoptando conductas inadecuadas y agresivas como «un grito al no poder satisfacer sus necesidades fundamentales». El antídoto a estos males o, al menos, una alternativa a otras vías es lo que propugna el yoga. «Me sirve para la época de los exámenes porque cuando noto angustia respiro profundamente y me tranquilizo». Esta actividad extraescolar ha sido de gran ayuda para Fátima Eguiluz, la mayor de la clase, ya una adolescente.

No hay ganadores, ni perdedores, ni recompensas, ni castigos; la filosofía yóguica apuesta por centrarse en las propias tareas sin compararse con los demás. «Se trata de que cuando vengan aquí se sientan protagonistas y adquieran ciertas responsabilidades». Tras elegir cada uno una 'asana' -como llaman en yoga a las posturas-, toca el turno de jugar. Las niñas optan por la araña. Los chicos, sin embargo, prefieren hacer una carrera de coches. Ambas actividades acaban con una ganadora por unanimidad: «¿María eres la primera!», gritan todos al referirse a la renacuajo de la clase. La actividad se plantea desde el inicio como un juego, algo necesario en la edad infantil, porque necesitan «liberar tensiones para expresar sus emociones sin temer juicios o críticas», expresa el psicólogo.

Una de las máximas del yoga es evitar el afán competitivo. Y es que, aunque parezca mentira, los más pequeños también padecen trastornos de ansiedad. En la población infantil ya roza el 8% y en los adolescentes se dispara hasta el 20%. «Hay que dejarles ser niños, que se relacionen con otros, jueguen y requieren mucho apoyo afectivo», opina el pedagogo.

Exceso de estímulos

Una persona triste encorva la espalda y mira al suelo. Y cuando está contenta se mantiene erguida y saca el pecho de manera natural. Hay una relación recíproca entre la postura corporal y el estado de ánimo. «Los niños son yoguis por naturaleza». Es lo que opina el profesor; lo que pasa es que olvidan esa postura innata. Las horas que pasan delante del ordenador, sentados en el colegio y las pesadas carteras provocan ciertos vicios, que pueden acabar en dolencias de espalda, rodillas...

Una buena colocación favorece, además, una actitud más receptiva, despierta y calma el sistema nervioso. Algo muy necesario en unos chavales sometidos a un exceso de estímulos sensoriales a través de la televisión, los videojuegos y los juguetes electrónicos.

Ese ritmo acelerado, las actividades extraescolares y una alimentación inadecuada tienen su resultado: «Una sobreestimulación crónica que hace que no se puedan concentrar demasiado tiempo», comenta García-Moreno. Un ejemplo son los trastornos por déficit de atención e hiperactividad. El 5% de los escolares padece esta enfermedad que se manifiesta en una falta de atención e impulsividad. «Ellos más que nadie exigen estar motivados porque sufren muchas frustraciones», asegura Begoña García, desde la asociación de Hiperactivos con Déficit de Atención.

A Mario Güemes, le cuesta mantener la concentración. «La psiquiatra me dijo que para tenerlo relajado le diera un sedante. Soy contraria al fármaco, así que busqué en el yoga una alternativa», expone su madre, Patricia Sánchez. Al respirar correctamente y adoptar una buena postura hace que se calme y se centre. «Cuando se pone nervioso le digo que aplique lo aprendido en clase y funciona».

María José Tejedor también optó por esta actividad extraescolar para sus hijos porque «resulta gratificante y les ayuda físicamente». Como médico recomienda esta disciplina, ya que «favorece la flexibilidad de forma gradual y es más completa y más fácil para los niños que los tratamientos psicológicos habituales». El yoga se presenta como una alternativa a las terapias convencionales.

Agarrados de las manos y con un abrazo concluye la clase. El objetivo: fomentar el compañerismo, el contacto y el apoyo emocional que «se está perdiendo en las familias». El día concluye con una frase: «¿Me lo he pasado muy bien!».

TEXTO: I. GÓMEZ / FOTOS: IGNACIO PÉREZ / MADRID